7 octubre 2016

El Mal de Chagas adquirió el estatus de enfermedad transmitida por alimentos

El Mal de Chagas adquirió el estatus de enfermedad transmitida por alimentos

La enfermedad de Chagas o tripanosomiasis americana es una infección sistémica causada por el protozoo Trypanosoma cruzi (T cruzi). Es una zoonosis endémica en las Américas en la que participan un gran número de reservorios vertebrados y transmisores triatóminos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la ubica como una de las enfermedades tropicales desatendidas.

La prevalencia global ha sido estimada en 9 a 10 millones de personas; al año mueren unas 10.000 personas. En Brasil, más de un 11% de los individuos que sufren insuficiencia cardíaca tienen la enfermedad, y más del 7% de las muertes por insuficiencia cardíaca se deben a la tripanosomiasis.

Los costos globales de la enfermedad de Chagas se han estimado en 7,19 mil millones de dólares estadounidenses por año.

El T. cruzi es transmitido por varias especies de insectos hematófagos, pertenecientes a la Familia Reduviidae, subfamilia Triatominae.

Regionalmente, estos triatóminos reciben distintos nombres populares como chipo (Venezuela), pito (Colombia ), vinchuca (Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia), chinche besucona (México), chinche picuda (Guatemala, Honduras y El Salvador), chichá (Paraguay), chinche gaucha (Argentina), chirimacha (Perú) y barbeiro o percevejo-do-sertão (Brasil).

Cinco investigadores – Lucy J. Robertson (Noruega), Brecht Devleesschauwer (Bélgica y EUA), Belkisyolé Alarcón de Noya (Venezuela), Oscar Noya González (Venezuela) y Paul R. Torgerson (Suiza) – publicaron un artículo para fortalecer la importancia de la Enfermedad de Chagas como una dolencia transmitida por alimentos. Las evidencias fueron plasmadas en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases en junio de 2016.

En la Amazonia brasileña, el 70% de los casos de enfermedad de Chagas aguda registrados entre 2000 y 2010 se asociaron con el consumo de alimentos.

Otro factor importante es que son más abundantes las especies de triatóminos disponibles para la transmisión oral que aquellos capacitados para la transmisión por picadura cutánea, para la cual es necesario que la picada vaya acompañada de la defecación.

Este reflejo del chipo, producto de la inflamación de su intestino al succionar sangre induciendo la defecación cargada de parásitos, no es necesario en la transmisión por alimentos.

Por mucho tiempo se consideró que este reflejo era una medida para establecer la capacidad de transmisión parasitaria de las distintas especies de triatóminos. Así por ejemplo, los triatóminos Rhodnius prolixus y Triatoma infestans son rápidos en defecar trasmitiendo los parásitos a sus huéspedes vertebrados.

No así el Pastrongylus geniculatus, la especie más ampliamente distribuida en las Américas, que defeca varios minutos después de su ingesta sanguínea, siendo ideal para la transmisión oral por
alimentos, pero no para la transmisión cutánea por insectos vectores.

Por ejemplo, la ciudad de Caracas presenta una alta prevalencia de la infección por T. cruzi transmitida por P. geniculatus en vertebrados. Los estudios señalan una amplia distribución del insecto en los barrios, convirtiéndolo en un candidato perfecto para la transmisión oral de la enfermedad de Chagas, al contaminar directamente alimentos y bebidas.

En las primeras etapas de la infección, la fiebre alta y prolongada se produce en 80 a 100 % de los pacientes con transmisión oral, mientras que en la transmisión por vectores, los síntomas son leves o ausentes. Además, la patología cardíaca se produce con relativa frecuencia, y es potencialmente grave.

En el brote de Chacao (Caracas, Venezuela) los signos clínicos graves ocurrieron en el 34,4 % de los pacientes, en comparación con un 5-10% en pacientes infectado por transmisión vectorial cutánea.

A la pregunta de por qué la transmisión oral es cada vez más común que la transmisión cutánea por los triatóminos, los autores señalaron como posibles causas al control más eficiente de la transmisión cutánea, las alteraciones ecológicas y conducta del hospedador humano.

Por ejemplo, varios triatóminos se han adaptado a los seres humanos y su entorno. De la misma forma, los humanos han aumentado sus posibilidades de invasión y deforestación de los hábitats de los triatóminos.

Las evidencias sugieren que la transmisión oral infecta a un mayor número de personas, lo cual junto con el potencial de retraso en el diagnóstico y los síntomas más severos, significa que la enfermedad de Chagas transmitida por los alimentos es de mayor impacto que la transmitida por vectores.

En modelos de ratón, se ha demostrado que en la transmisión por vectores, el inóculo del parásito presente en las heces de los triatominos, es de unos 3500 tripomastigotes metacíclicos (la forma infectiva del parásito) de los cuales solo unos pocos logran penetrar la epidermis.

Sin embargo, la carga parasitaria de un hematófago como T. infestans es de unos 700.000 tripomastigotes, todos capaces de infectar a cientos de personas por vía oral. Para colmo, las mucosas gastrointestinales se encuentran es un estado perenne de inmunotolerancia para evitar responder a los alimentos ingeridos, lo cual facilita la infección por inóculos grandes de agentes infecciosos exógenos.

Para concluir la propuesta, los autores solicitan a las organizaciones competentes se reconozca al Chagas como una enfermedad transmitida por alimentos con base en una revisión sistemática de las evidencias, para luego desarrollar los programas de vigilancia y control.